Puedes pasarte tres semanas haciendo listas, enamorarte de uno y descubrir en enero que ya estaba registrado. O empezar por aquí: nos dices a qué te dedicas, te damos nombres, y te decimos con cuál te puedes quedar de verdad. Antes de encargar el logotipo, no después.

Una línea basta. Si ya tienes candidatos, nos los mandas. Si no tienes ninguno —que es lo normal— te proponemos doce y eliges los tres que más te suenen a ti.
Miramos quién tiene esa marca registrada y para qué, qué dominios quedan libres, qué nombres suenan demasiado parecidos al tuyo y qué significa en alemán. En dos días sabes con cuál seguir. 190 €.
Cuando detrás del nombre van una identidad, una tienda y cinco años de tu vida, conviene que alguien responda por escrito de que se puede registrar. Lo hace el despacho con el que trabajamos, con su sello. 890 €.
No un correo diciendo «este sí, este no». Un PDF con cada nombre, qué se encontró, dónde y cuándo, y de qué fuente salió cada dato. Sirve para decidir tú, para convencer a tu socio y para que tu abogado lo compruebe sin fiarse de nosotros.
Mark Findings sale de Barcelona, de dentro de una agencia de branding que lleva años poniendo nombre a marcas. Los dictámenes los firma un despacho de propiedad industrial que trabaja con nosotros.
Suena a poca cosa y no lo es. Lo normal es que la agencia te entregue tres propuestas, que te enamores de una, y que el abogado aparezca meses después para decirte que esa precisamente no. Aquí los dos miran lo mismo antes de que te gastes el dinero.
Y por eso hay una raya que no cruzamos: nosotros te contamos lo que hay, con la fuente y la hora. Si ese nombre se puede registrar lo dice el despacho, en su documento y con su firma. Quien te prometa eso por 190 € te está vendiendo humo.

Te contamos lo que hay; no te decimos si puedes registrarlo. Eso lo firma el despacho, en documento aparte, y cubre marca española, europea e internacional.
Escribe a qué te dedicas como se lo dirías a alguien en un bar y saca doce nombres para desatascarte. Se montan aquí, en tu navegador, y son tuyos: no los guardamos ni los reservamos. Lo que no hace es mirar marcas registradas, que es la parte que decide.
Rehacer la identidad, soltar el dominio, avisar a tus clientes de que ahora te llamas de otra manera. Es caro, es lento y da vergüenza. Y se evita en dos días, antes de encargar el logotipo.